Las reacciones lo indican: a nadie le gusta pelar papas. La escena es habitual, por ejemplo, en algún asado familiar o de amigos cuando llega el anuncio de empezar a preparar las ensaladas. La de papa y huevo, la rusa son de las más populares, pero implican manipular el tubérculo de una manera más compleja que otros ingredientes que forman parte de los acompañamientos. Sacar la piel es necesario si se quiere preparar un puré cremoso o unas papas que se deshagan en la boca.
Las papas suelen estar llenas de tierra. Ahí la limpieza del tubérculo ya deja secuelas debajo de las uñas, por más que estén cortas, la tierra se acumula en ellas. Pasado eso hay que sacarles la cáscara que algunos prefieren conservar, pero es un hábito muy personal de poco agrado colectivo. Así que si toca la tarea, o si bien tener en la dieta diaria comidas con papa porque se lo considera un manjar, hay una forma de simplificar su complejo uso.
Con la táctica, no dolerán las manos, ni se producirán los molestos cortes por estar demasiado tiempo pelando. Lo importante también es que no hace falta un pelador, mientras que el cuchillo apenas será necesario. El truco ahorrará mucho tiempo y frustración.
Solo hay que hacerle unos cortes a la papa y hervirla. La piel se desprende casi con la misma facilidad que la cáscara de una banana. La maniobra funciona con cualquier variedad, incluidas las batatas.
El paso a paso
Antes de manipular la papa, hay que poner a hervir agua en una olla lo suficientemente grande como para que entren sin estar muy juntas. Mientras se calienta el agua, hay que lavarlas. Luego, con un cuchillo pequeño, se hace un corte en forma de equis en un lateral de cada papa; es simplemente romper la piel pero sin llegar a cortar demasiado la pulpa. Una vez que cada papa haya sido marcada, se las pone en la olla. Hay que permitir un nuevo hervor y cocinar durante 15 a 20 minutos, o hasta que un cuchillo pueda cortar fácilmente el alimento.
Con unas pinzas o una espumadera, retirarlas del agua hirviendo y colocarlas sobre una tabla de cortar o un plato para que se enfríen. Cuando se hayan enfriado lo suficiente como para poder tocarlas, localizar el corte en la piel y usarlo para pelarla. La piel debería desprenderse fácilmente con un ligero tirón, dejando la mayor parte de la papa redonda e intacta lista para ser usada.